El alcalde de Miami pide cotizaciones para pintar la fachada
del Ayuntamiento, y le entregan 3 ofertas (de un ecuatoriano, un gringo
y un suizo).
La del suizo asciende a 3 millones de dólares, la del gringo a 6 millones, y la del ecuatoriano a 9 millones.
Ante tales diferencias, se entrevista con los ofertantes, por separado, para que justifiquen su estimado de costo.
El suizo dice que él usa pintura acrílica para Exteriores en dos
capas, y que cuesta 1 millón; en andamios, brochas, equipos y seguros
se va otro millón, y el otro millón restante es la mano de obra. El
gringo justifica su estimado diciendo que él es mejor pintor, que usa
pintura de poliuretano con tres capas, cuyo costo asciende a 3
millones. En andamios, otros materiales, equipos y seguros se gastan
otros 2 millones, y el millón restante es la mano de obra.
El último, que es el que finalmente gana la licitación ya
que el alcalde asegura que es el presupuesto mejor justificado, resulta
ser la del ecuatoriano que en corto le dijo: "Mire Alcalde, 3 millones
son para usted, otros 3 para mí, y los 3 restantes se los damos al
suizo para que nos pinte la fachada".
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